viernes, 28 de abril de 2017

INFOGRAFÍA sobre Molvízar


TIC EN MOLVÍZAR

Esta semana los alumnos de la escuela de adultos han practicado el programa PIKTOCHART, con él pueden realizar INFOGRAFÍAS, que son documentos gráficos que combinan imágenes con información concreta en un formato muy publicitario. A continuación, os presentamos un ejemplo realizado por la alumna Salvadora Martín .


                             RELATOS DE ALUMNOS DE MOLVÍZAR

Continuamos presentando relatos de los alumnos de Molvízar con motivo del Día del libro . 



LA ESCOLARIZACIÓN EN MI INFANCIA


Quiero recordar referente a la escolaridad de la década de los años 50 cuando existía en esta localidad cuatro escuelas públicas dos de niños y dos de niñas. La edad para ir al colegio era a los 6 años, pero  ir no era obligatorio. Los niños no estábamos juntos con las niñas, por eso en la puerta de cada colegio había un rótulo que decía “Escuela unitaria de niñas” y “Escuela unitaria de niños”, sacaron un refrañillo que decía “las niñas juntos con los niños caen rayos”.Esta separación  de unos con otros contraía un respeto  y una dignidad.

A los Maestros se le tenía un respeto como si fueran nuestros padres, no podías llegar tarde al colegio pues te castigaban dándote un palo en la mano.
A nuestros padres no les podías decir que el Maestro te había castigado porque él te reprendía para que hicieras lo que el maestro te dijera.

Como la enseñanza no era obligatoria ni sujeta ni una norma, siempre había niños jugando por las calles a cualquier hora de la mañana o de la tarde, digo de la tarde porque había escuela incluso  los sábados por la tarde. Los domingos los Maestros y Maestras formaban en la puerta de la Iglesia una fila cada uno con los suyos para entrar a misa.

Como no iban muchos niños a la escuela por no ser obligatoria, hoy día existen todavía personas de aquella época incapaces para desenvolverse con la lectura, las matemáticas y en el quehacer diario.

El que suscribe siempre ha sido aficionado a la lectura, fui a la escuela hasta los 14 años  que era la edad en la que finalizaban los estudios, concretamente el tercer grado. Después, de forma esporádica asistí a clases por la noche en el grupo escolar de Molvízar hasta los 23 años, el horario, quiero recordar que era de nueve a once de la noche. Acudía a estas clases para obtener el


Certificado de estudios primario que era conveniente y facilitaba el ingreso en algún cuerpo del Estado. Lo obtuve en el año 1964 , más tarde llamado Graduado Escolar y actualmente Primaria.

Recuerdo el nombre de los maestros de cuando era niño, Don José Rodríguez, Don José Alonso, Doña Mercedes y Doña Concha.

Como años propios de la niñez fueron años que recuerdo con agrado pero sin olvidar algunos inconvenientes.




Autor: Antonio Fernández Venegas - FERNAVENAN . (23-04-2017 )


miércoles, 26 de abril de 2017



              23 de abril DÍA DEL LIBRO  

 Este año con   motivo del Día del libro sugerimos al grupo de alumnos de la escuela de adultos de Molvízar volver a recordar nuestras historias de la infancia o la juventud, describir nuestro pueblo, sus calles, la escuela, las anécdotas que nos hacían reír o llorar y plasmarlas para elaborar conjuntamente un libro de recuerdos.
Como ejemplo , podéis leer a continuación la bella historia " Un recuerdo de mi infancia" de la alumna, Antonia González Béjar, que nos ha sorprendido a todos con su capacidad literaria. 
                                               Esperamos que os guste.


      UN RECUERDO DE MI INFANCIA

  
Uno de los recuerdos que me hace sonreír y al mismo tiempo enfadar en mi infancia, es el que os voy a relatar.
Tenía nueve años y durante el curso estaba interna en un colegio. Los domingos lo pasábamos prácticamente estudiando. Nos levantaban a las siete, tras oír misa y desayunar nos llevaban en fila india a la clase de estudio, era una clase grande con grandes ventanales y repleta de pupitres, una mesa grande donde la monja estaba al cuidado nuestro, justo al lado de la mesa había un enorme piano.
 
Bueno, llega la hora de estudiar y todas muy calladas y concentradas en los libros, pero claro al cabo de dos horillas mas o menos, nos empezó a entrar el aburrimiento y con él llegó el cuchicheo y las notitas escritas que iban pasando de mano en mano hasta llegar a su destinataria. De repente,se escucha una fuerte palmada en la mesa, levantamos todas la cabeza, era la monja , enfurecida y con cara de mucho temer dice:”
-¡hasta aquí he aguantao!, ¡Antonia, castigada todo el día de pie delante el piano y de espaldas a tus compañeras !y pienso :“me ha tocao “, por mucho que insistí diciéndole que yo no había hablado de nada me sirvió , siendo verdad todo lo que decía.

Llevaba ya un buen rato de pie y en mi cabeza no paraba de repetirse enfadándome cada vez más: - ¡será posible ¡ para una vez que no hablo va y me castiga!, hasta que llegué a un extremo en que mis manos se dejaron llevar por lo que repetía mi cabeza , entonces solté el libro, levanté la tapa del piano y con todas mis ganas comencé a tocar el piano, bueno mas bien a aporrearlo. La monja se levantó de la silla como un relámpago y con las manos puestas sobre los oídos, no paraba de quejarse diciendo, - ¡ay,ay…..!


¡Vamos , la que se lió!, la monja con las manos en sus delicados oídos dando vueltas en círculos, mis compañeras unas riendo a carcajadas y otras con cara de espanto y agitando las manos diciéndome “menuda la que te va a caer”.
 De repente, se abre la puerta , giro la cabeza y
sorprendida veo a la directora
-¿Cómo ha llegado tan pronto? , me pregunto, si nadie la ha llamado, claro oyó el aporrear del piano.

Tras una interminable regañina llegó el siguiente castigo esta vez para mi pobre estómago,“una semana sin merendar”, menuda semana me esperaba.

Este es uno de tantos recuerdos de mi estancia en la escuela “ La Inmaculada de Granada”, algunos como estos hubiera preferido tenerlos en mi pueblo Molvízar con mis amigas de cuando era pequeña.

¡Ah! por cierto, no fue tan dura la semana sin merendar, gracias a un viejo nogal del que cogía  nueces y a una piedra ,cuando la monja no me veía las partía y claro está me las comía.
Como adulta me gusta recordar y volver aquellas vivencias de cuando era pequeña, porque es el más vivo de los tesoros.
                       
FIN